La plaza de la parroquia es el gran rendez vous de San Miguel de Allende. Aquí se citan los chavos y las pandillas de amigos y amigas; aquí pasean los de fuera y los sanmiguelenses, juegan los niños con globos y pelotas y toca el mariachi casi sin interrupción. Y aquí, por supuesto, se casan los novios venidos de todo el Estado y aún más lejos. Sentado en un banco, me quedo abrumado por el exceso arquitectónico de la parroquia que luce como un gran pastel de boda iluminada y reluciente. Son las 21,15 y a mi lado justo, frente a la fachada del templo, se empiezan a sentar personas que miran el reloj y comentan. “Esto para nosotros es un gran orgullo” me dice uno de ellos. Al poco, la plaza queda a oscuras y el espectáculo de la Torre de la Gloria la inunda de luz y sonido. Durante 15 minutos se paraliza todo, realmente merece la pena el montaje de Xavier de Richemont, pero también ha merecido la pena la espera.
#gtojam La mejor manera de comenzar la noche