Hay una plaza en Guanajuato que transmite como pocas la esencia vital de esta ciudad. Entre las del Ángel y San Roque (otras que no hay que perderse), la de
San Fernando nos transporta literalmente al tiempo donde los niños jugaban todavía en las calles, las familias platicaban en los bancos de historias cotidianas, y el agua de la fuente brotaba despacio acompasando los minutos y las horas. Sentado en una mesa de cualquiera de sus terrazas, iluminadas tenuemente por pequeños farolillos mientras anochece, comparto una cerveza y una botana con dos buenos amigos. Oyendo los compases tenues de una troba nos dejamos llevar hasta que una callejoneada lo arrebata todo y nos devuelve a la realidad, aunque perfectamente podría ser el decorado de una película de otra época…
#gtojam Ay, qué bueno descansar después de todo el día…