Guanajuato, Estado clave para la comprensión del México moderno.
Guanajuato, encrucijada de México, ostentó la capitalidad de la republica bajo el gobierno de Benito Juárez; después, durante el largo porfiriato, fue quizás el Estado donde mejor se reflejaron las contradicciones y aciertos de la arquitectura de la época, su gusto por lo francés y su apuesta por las modernas estructuras de hierro. Durante el siglo XX, Guanajuato ha seguido abierto a la senda de la modernidad.
El siglo XIX alterna los conflictos entre conservadores, liberales, centralistas y federalistas. Sólo entre 1858 y 1860, durante la Guerra de Reforma, la ciudad de Guanajuato estuvo nueve veces en manos de los conservadores y otras tantas en manos de los liberales. Tras la constitución democrática de 1857, Guanajuato se convierte en la capital de México y fue coprotagonista del gobierno de Benito Juárez.
Durante el largo porfiriato (1872-1911), el Estado creció y se construyeron las vías férreas y carreteras que lo comunicaban con otras grandes ciudades e importantes puertos como Manzanillo, Lázaro Cárdenas, Ciudad Juárez y Tampico. En este tiempo acabó por definirse la impronta característica de las ciudades del estado de Guanajuato con la construcción de numerosas obras públicas y privadas, la inauguración de estaciones de ferrocarril y tranvías, la instalación del servicio telefónico, el alumbrado público, la construcción de presas, y hasta la llegada del cinematógrafo. Casi todo en un estilo ecléctico conocido precisamente como “arte del porfiriato” que aglutinaba el rococó, el neoclásico, el neobarroco y hasta el neoislámico, con las estructuras en hierro, la cantería ornamental de influencia francesa y las vidrieras emplomadas.
Tras el pronunciamiento de Madero contra la séptima reelección de Porfirio Díaz, Guanajuato se incorporó a la Revolución con el levantamiento en armas de Cándido Navarro en Purísima Guanajuato el 22 de febrero de 1911. En 1915 se libra, en Celaya, la célebre batalla entre el General Álvaro Obregón y Francisco Villa. Además de perder doscientos mil habitantes durante la guerra, Guanajuato se vio sumido en una importante crisis económica. En los primeros años de la década de 1920, bajo el gobierno del presidente Plutarco Elías Calles, tuvo lugar la llamada “Guerra Cristera”, una persecución publica con la intención de despojar de sus propiedades al clero católico mexicano. Afectó a varios estados, particularmente Colima, Michoacán, Guanajuato -sobre todo en la capital-, León y Pénjamo. En lo económico continúo el crecimiento sostenido, que se refleja en el establecimiento de industrias en ámbitos tan diversos como el textil, el minero, el ganadero, el del cuero y el calzado.
El presidente Lázaro Cárdenas plantó cara a la depresión aplicando una reforma radical que sentaría las bases del México moderno. Tras la nacionalización de la industria petrolera y la reforma agraria, Guanajuato participó activamente en el llamado “milagro económico”, un crecimiento sostenido y sin apenas inflación durante las décadas de los años 50 y 60 del siglo XX, a pesar de acontecimientos aislados como el motín de los sinarquistas en León (1946) que dejó numerosos muertos y heridos.
A mediados del año 1950 se establece en la ciudad de Salamanca la refinería de petróleo Antonio M. Pedro Amor, que fue esencial para la estabilización económica del Estado. El milagro tocó techo con las protestas estudiantiles de 1968 y la crisis neoliberal posterior al Tratado de Libre Comercio con EEUU y Canadá firmado en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Tras setenta años de gobierno continuado del PRI y en lo económico, un mercado cautivo con fuertes medidas proteccionistas y subsidios, fue el guanajuatense Vicente Fox quien inauguró una nueva etapa de la republica, en la que la política, la economía y la sociedad mexicana han tenido que realizar un esfuerzo de apertura para afrontar los retos de la globalización.
A partir de 1972 Guanajuato viene celebrando con éxito creciente un Festival Internacional Cervantino, donde concurren artistas, literatos, poetas y músicos de México y de todo el mundo, que con el paso de los años se ha convertido en una de las manifestaciones culturales más importantes de toda la América Latina. Son 18 días de ópera, conciertos, teatro, danza y todo tipo de espectáculos repartidos por toda la ciudad: plazas públicas, teatros, parques, escuelas, etc., y también en otros municipios del Estado. La idea nació como homenaje a Cervantes por la iniciativa del maestro Enrique Rúelas, pero actualmente ha superado su carácter original con su incorporación a la Asociación Europea de Festivales y a la Asociación de Festivales de Artes Escénicas de Asia, lo que le permite mantener una oferta de variedad y calidad internacional de primer nivel. El FIC es considerado uno de los cuatro festivales de mayor importancia a nivel mundial.