Guanajuato, la frontera entre Mesoamérica y la Gran Chichimeca.
Entre los años 400 a 1000 a.C. se estableció la primera comunidad prehispánica sedentaria en un lugar llamado Chupícuaro, al sur del actual estado de Guanajuato. Conocemos esta civilización gracias a las bellísimas cerámicas de sus enterramientos y por ciudades como San Bartolo Aguacaliente, Peralta, Cerro Barajas, Cañada de la Virgen y, especialmente, por Plazuelas. Tras la caída del imperio teotihuacano, el Bajío guanajuatense fue una zona de frontera entre Mesoamérica y lo que los españoles llamaban la Gran Chichimeca, estando ocupado por sociedades nómadas de cazadores, recolectores y agricultores de filiación chichimeca: los pames, los guamares y los guachichiles.
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En el cerro del Chichimeca —o cerro del Meco—, una de las montañas que circundan la ciudad de Guanajuato, hay dos enormes rocas con forma de rana a las que los indios reverenciaban. Hay quien dice que este culto es el origen de la existencia de la aldea chichimeca de Quanashuato, que con el tiempo dio lugar a la palabra Quanashuato y después a Guanajuato. Otros etimologistas sostienen que el nombre Guanajuato proviene de las palabras tarascas “quanas”, que significa ranas, y “huuato”, que significa montañoso. Si a ello se agrega la partícula “to” (sitio donde abunda alguna cosa), el término “quanashuato” significaría "lugar montañoso donde abundan las ranas".
El sitio de Chupícuaro, la primera comunidad prehispánica sedentaria del estado de Guanajuato, se encuentra en su mayoría bajo las aguas de la presa Solis, en el río Lerma. Gracias al descubrimiento de artesanías de barro decoradas con figurillas y objetos sabemos que sus habitantes vivían de la agricultura, eran aficionados a los instrumentos musicales y gustaban del uso de joyas y accesorios en cuerpo y cabello. Antes de la colonia, hubo muchos emplazamientos prehispánicos en el estado de Guanajuato, en particular sitios de la llamada “arquitectura de patios hundidos”, como San Bartolo Aguacaliente, Peralta, Cerro Barajas, Cañada de la Virgen y sobre todo Plazuelas, con una propuesta arquitectónica especialmente creativa.
Plazuelas tiene un emplazamiento particularmente elegido. Está en las estribaciones de la sierra de Pénjamo, sobre tres laderas separadas por dos cañadas, en una de las cuales hay un pequeño manantial del que surge el arroyo Agua Nacida. El sitio está conformado por un conjunto de pirámides con una plaza abierta al sur, un juego de pelota, un edificio de planta anular al que llaman en la región "El Cajete" y otras construcciones diversas. Es un lugar sugestivo. Primero, el museo, pequeño, sobrio, excelente. Luego, la escalera de ascenso. Sobre la cima aplanada de la montaña, una amplísima meseta de hierba mecida por el viento. Pero los magníficos edificios no son todo. Rodeando la parte superior de la ladera central saltan al paso del visitante numerosas rocas ígneas cuyas superficies fueron grabadas por los antiguos habitantes con figuras zoomorfas, planos y maquetas de edificios aislados y lo que parecen ciudades, además de oquedades, líneas continuas y de puntos, espirales y círculos concéntricos.